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Historia
Santa Cruz de Tenerife se desarrolló dentro de lo que, en la época prehispánica, los guanches denominaban Anaga, uno de los menceyatos (reinados) de los nueve en que se dividía la isla antes de la conquista, y tuvo su nacimiento en la bahía, en la playa de Añazo. Muchas fueron las expediciones previas que se llevaron a cabo en la zona, algunas derivadas de las escalas de navegación de barcos procedentes del tráfico marítimo entre Europa, África y América, otras fueron intentos de mero saqueo e intención de capturar aborígenes como esclavos. Pero no fue hasta el 3 de mayo de 1494 cuando el “Adelantado” Alonso Fernández de Lugo, arribó con sus tropas a la playa de Añazo y celebró la primera misa católica en el lugar, plantando una Cruz de madera que posteriormente dio el nombre a esta ciudad. Este fue el primer episodio de la conquista definitiva de Tenerife, que concluyó en 1496. Santa Cruz de Tenerife era en sus comienzos, un conjunto de humildes casas junto al puerto de la bahía que los españoles concienzudamente fortificaron ante la posibilidad de ser invadidos y atacados por piratas, corsarios u otros pueblos que quisieran reconquistar la isla o acceder a La Laguna, el lugar origen del emplazamiento de los poderes políticos y eclesiásticos de La Corona Española en la isla. Pero este pequeño caserío fue alcanzando protagonismo y auge por méritos propios debido a las actividades mercantiles derivadas de su condición portuaria y gracias a episodios como la victoria que obtuvieron sus habitantes sobre los ingleses al mando del Contralmirante Horacio Nelson, la madrugada del 25 de julio de 1797, hecho conocido como La Gesta del 25 de Julio, tras lo cual Santa Cruz fue declarada Villa Exenta con independencia de la ciudad de La Laguna.
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